Culiacán, Sin.- Mientras desde Palacio Nacional se presumen cifras maquilladas, datos alegres y un supuesto México en bonanza, la realidad que se vive en Culiacán es radicalmente distinta y profundamente dolorosa. Las palabras del segundo informe de gobierno contrastan de manera insultante con el sufrimiento cotidiano de las familias culiacanenses, que padecen los estragos de la violencia, el colapso económico y el abandono institucional.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!No podemos normalizar que mientras las autoridades federales celebran supuestas pacificaciones con una supuesta baja nacional del 51% en homicidios, en Culiacán los colectivos de madres buscadoras operan en absoluta vulnerabilidad, expuestas al hostigamiento mientras rastrean fosas clandestinas que el Estado es incapaz de localizar. Las estadísticas de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI confirman la crisis: más del 85% de la población adulta en Culiacán percibe su municipio como inseguro, reflejando el miedo constante de transitar por las calles frente a una violencia desbordada.
Es igualmente ofensivo presumir una «primavera laboral» y una tasa de desempleo nacional del 2.7% cuando el tejido productivo local está devastado. Cámaras empresariales como Coparmex y Canaco Sinaloa han documentado la pérdida de más de 800 empresas y la destrucción de decenas de miles de empleos formales en la capital a raíz de la crisis de seguridad, empujando a los trabajadores a una precariedad donde la informalidad supera el 54% de la ocupación en el estado.
Hablar de un sistema de salud robusto es una ofensa para los pacientes que acuden a los hospitales públicos como el General de Culiacán o el IMSS-Bienestar, donde el desabasto crónico de medicamentos oncológicos e insumos quirúrgicos supera el 40% en recetas no surtidas, obligando a suspender cirugías y tratamientos vitales.
Lo mismo ocurre en el corazón agrícola de Sinaloa: proclamar un campo fortalecido es ignorar la quiebra técnica que estrangula a nuestros productores. Con costos de producción disparados por encima de los 4,500 pesos por tonelada de maíz y apoyos federales pulverizados por la inflación, los pequeños y medianos agricultores arrastran carteras vencidas que impiden fondear el ciclo agrícola actual.
Culiacán no necesita discursos triunfalistas ni otros datos de escritorio; exige verdad, justicia y presupuestos reales que atiendan la emergencia social que hoy lastima a nuestra gente. Frente a la simulación y la mentira oficial, seguiremos levantando la voz por las familias de Culiacán.
