Culiacán, Sin.- La foto oficial de este viernes en Palacio de Gobierno dijo más de lo que mostraba. Ahí estaban el gobernador Rubén Rocha Moya, el dirigente nacional del SNTE, el senador Alfonso Cepeda Salas y el secretario general de la Sección 53, Ricardo Madrid Uriarte. Tres figuras sonriendo, reunidas para presumir el Decreto recién aprobado que prohíbe la injerencia del gobierno en procesos internos de los sindicatos.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Un acto solemne, político, de esos que huelen a mensaje diplomático.
Pero el verdadero mensaje estaba en quién NO apareció en la foto.
¿Y Génaro Torrecillas?
La pregunta tronó en los pasillos del SNTE y en los grupos de WhatsApp de maestros más fuerte que cualquier decreto. El líder de la Sección 27, el que debería estar ahí, el que tendría que ser parte central del encuentro… brilló por su ausencia. Y no precisamente porque estuviera ocupado.
Lo que se comenta —y fuerte— es que su presencia no solo no fue requerida, sino que fue expresamente evitada. Que pidieron que no estuviera. Que su silla estaba reservada… pero para nadie.
Y eso, para cualquiera que entienda la política sindical, es un golpe directo al ego, a la autoridad y al proyecto personal de Torrecillas.
La reunión reveló lo que muchos venimos diciendo desde hace meses:
Génaro Torrecillas está más solo que nunca.
Ni el SNTE nacional lo respalda, ni el estado lo respalda, ni su propia sección lo respalda. Sus decisiones —erráticas, torpes, aisladas— lo han llevado a un callejón donde ya nadie quiere caminar con él.
Sus errores no son nuevos, pero sí constantes:
Conflictos internos, decisiones improvisadas, pleitos innecesarios, un liderazgo desgastado y una incapacidad crónica para construir acuerdos. Un dirigente así no solo es incómodo: es prescindible.
Y cuando un líder se vuelve prescindible, lo van borrando de las fotos… y de las decisiones.
La visita del dirigente nacional, dicen algunos, no fue solo para tomarse la foto con el gobernador ni para presumir reformas legales. Vino a planchar lo inevitable:
La renovación de la Sección 27, cuyo periodo legal terminó en noviembre pasado.
En otras palabras:
Génaro Torrecillas ya es dirigente solo de nombre.
Un líder que ya perdió respaldo, legitimidad y ahora incluso presencia.
Un líder que no estuvo donde tenía que estar… porque ya nadie lo quiere ahí.
La pregunta ya no es por qué no lo invitaron.
La pregunta ahora es:
¿Cuánto tiempo le queda al frente de la Sección 27?
Porque si la política habla en silencios, este viernes gritó.
