abril 1, 2026
IMG-20260331-WA0014

Columna: De Frente
Por Diego Alberto Hernández

Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!

En política, el silencio suele ser más elocuente que los discursos. Cuando un partido deja de hacer ruido mediático pero intensifica su presencia en territorio, lo que está en marcha no es rutina: es estrategia. Y eso es precisamente lo que hoy ocurre con el Partido Sinaloense (PAS).

En las últimas semanas, lejos de reflectores estridentes, el PAS ha comenzado a reconstruirse desde abajo. Bajo el liderazgo de Robespierre Lizárraga Otero, el partido ha iniciado una renovación de sus dirigencias municipales que, más que un simple relevo interno, representa una operación territorial con objetivos claros: reagrupar, reorganizar y volver a posicionarse.

El encargado de ejecutar esta tarea es Samuel Soto Piña, “Sami”, quien ha asumido el papel de operador político con una agenda intensa en distintas regiones del estado. Reuniones, acuerdos, acercamientos… nada improvisado. Lo que se percibe es una estrategia bien calculada para volver a tejer la red que en otros momentos le dio fuerza al PAS.

Pero lo más interesante no es solo el movimiento, sino hacia dónde apunta. El partido ha comenzado a abrir sus puertas a perfiles con experiencia, incluso provenientes de otras fuerzas políticas. No es un gesto menor. Es pragmatismo puro. En política, los liderazgos desplazados rara vez desaparecen; simplemente buscan un nuevo espacio donde puedan seguir vigentes.

Ahí están los casos de Ahome y Guasave, donde los nuevos dirigentes municipales provienen del PAN. La señal es clara: el PAS no está cerrando filas, está ampliando su base. Está entendiendo que el capital político no tiene partido fijo cuando hay oportunidad de crecer.

En este escenario, la figura de Samuel Soto cobra relevancia. Su pasado panista, su cercanía con Héctor Melesio Cuén Ojeda y su capacidad para moverse entre distintos grupos le han permitido convertirse en un puente entre liderazgos. A eso se suma su interlocución con Angélica Díaz Quiñónez, una de las figuras más influyentes dentro del partido, lo que fortalece su margen de operación.

Y en política, los mensajes no siempre se dicen: se muestran. La reciente fotografía junto al exalcalde de El Fuerte, Eleazar Rubio Ayala, no pasó desapercibida. Esas imágenes, lejos de ser casuales, suelen ser avisos de que hay diálogo, de que hay puertas abiertas, de que algo se está construyendo.

Mientras tanto, otros partidos parecen más ocupados en sus conflictos internos que en su fortalecimiento territorial. El PAS, en cambio, está haciendo lo que pocas fuerzas entienden a tiempo: trabajar desde ahora en lo que vendrá después.

Porque las elecciones no empiezan cuando arranca la campaña. Empiezan mucho antes, en el territorio, en las estructuras, en las alianzas que se construyen sin ruido. Y bajo esa lógica, todo indica que el PAS ya decidió no esperar.

La pregunta no es si están trabajando. Eso ya es evidente. La verdadera interrogante es hasta dónde les alcanzará esta estrategia y quiénes terminarán sumándose en el camino.

Por lo pronto, hay una lectura clara: mientras algunos apenas voltean a ver el 2027, en el PAS ya hay quienes están acomodando las piezas del tablero. Y en ese juego, Samuel Soto empieza a perfilarse como uno de los nombres a seguir.