Vivir más, pero vivir mejor: el nuevo desafío de la salud pública
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!«No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho». — Séneca
¿De qué sirve vivir más años si no podemos disfrutarlos con salud, autonomía y calidad de vida?
En Sinaloa, las enfermedades isquémicas del corazón se encuentran entre las principales causas de muerte en la población adulta, seguidas de otros padecimientos crónicos, enfermedades respiratorias, agresiones y siniestros viales. Detrás de estas cifras hay historias, familias y vidas que, en muchos casos, pudieron tener un desenlace diferente.
Una proporción importante de estos problemas de salud puede prevenirse, detectarse oportunamente o controlarse mediante atención médica adecuada y cambios sostenidos en nuestros hábitos cotidianos.
Estamos frente a una transformación epidemiológica. Hace algunas décadas, las enfermedades infecciosas y aquellas prevenibles mediante vacunación representaban una enorme carga de mortalidad. Hoy, aunque siguen siendo una prioridad, enfrentamos con mayor intensidad el impacto de las enfermedades crónicas no transmisibles, estrechamente relacionadas con factores como el sedentarismo, la alimentación poco saludable, el tabaquismo y el consumo nocivo de alcohol.
Este cambio nos obliga a reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿estamos construyendo una sociedad que no solamente viva más, sino que también viva mejor?
El verdadero objetivo de la salud pública no debe limitarse a prolongar la esperanza de vida. Debemos procurar que las personas lleguen a edades avanzadas con bienestar, independencia, dignidad y la posibilidad de disfrutar plenamente cada etapa de su vida.
Nuestro desafío no es únicamente combatir las enfermedades, sino transformar las condiciones y los estilos de vida que favorecen su aparición. Y esta responsabilidad no corresponde exclusivamente a las instituciones de salud: involucra a las familias, las escuelas, los gobiernos, las comunidades y a cada ciudadano.
Sinaloa enfrenta importantes retos en materia de salud pública, pero también es justo reconocer los avances alcanzados. Hemos transitado de escenarios donde las enfermedades infectocontagiosas y las prevenibles por vacunación cobraban miles de vidas, hacia una realidad epidemiológica distinta, en la que la prevención de enfermedades crónicas, la detección oportuna y el envejecimiento saludable ocupan un lugar prioritario.
Llegar a la edad adulta mayor es, sin duda, un logro de vida. Pero garantizar que nuestros adultos mayores vivan con salud, respeto, atención y dignidad es una responsabilidad colectiva.
En este contexto, estrategias como «Vive Saludable, Vive Feliz» representan una oportunidad para cambiar el rumbo desde las primeras etapas de la vida. A través de brigadas integradas por personal médico, de enfermería, odontología, optometría y promoción de la salud, se acercaron servicios a las escuelas primarias para identificar problemas como sobrepeso, obesidad, alteraciones de la visión y caries dental.
Sin embargo, su mayor aportación va más allá de una valoración médica: está en sembrar desde la infancia una cultura de autocuidado, alimentación saludable y actividad física. Porque un niño que aprende a cuidar su salud hoy tiene mayores posibilidades de convertirse en un adulto con mejores condiciones de bienestar mañana.
La prevención comienza en casa, se fortalece en las escuelas y se consolida mediante políticas públicas que faciliten a las personas tomar decisiones saludables. No basta con decirle a la población que debe alimentarse mejor o hacer ejercicio; también necesitamos comunidades con espacios seguros, acceso a alimentos saludables, servicios de salud oportunos y entornos que favorezcan el bienestar.
La tarea es de todas y todos. Necesitamos hablar de salud en nuestras familias, impulsar políticas públicas que coloquen la prevención en el centro de las decisiones y fortalecer los servicios de atención para nuestros adultos mayores, evitando complicaciones y procurando que cada persona pueda vivir esta etapa con la mayor calidad de vida posible.
Empecemos por lo que está a nuestro alcance: mejoremos nuestra alimentación, realicemos actividad física, cuidemos nuestro descanso, evitemos el tabaco y el consumo nocivo de alcohol, y acudamos periódicamente a los servicios de salud para identificar oportunamente cualquier enfermedad.
No debemos olvidar que las enfermedades prevenibles por vacunación siguen representando un desafío y que mantener altas coberturas de vacunación es una responsabilidad permanente. Pero de ese tema hablaremos en otra ocasión.
La salud no se construye cuando aparece la enfermedad; se construye todos los días, con nuestras decisiones, nuestros hábitos y el compromiso de nuestra sociedad.
Retomando a Séneca, no perdamos más tiempo. Dediquemos tiempo a lo verdaderamente importante: nuestra salud y la de quienes más queremos.
Porque no se trata solamente de vivir más años. Se trata de tener más vida en nuestros años.
