noviembre 1, 2026
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Culiacán, Sin.- Mamá madruga, prepara nuestro desayuno, nos lleva a la escuela, trabaja, nos cuida y procura cuidar a toda nuestra familia. Parece que nunca cansada o enferma, le duele la cabeza y aun así nunca nos enteramos, porque nunca se queja, ni nos lo demuestra. ¿Pero cuándo se toma un día para ella? ¿ Cuándo se hace su mastografía?

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Esto nos pone a reflexionar y preguntarnos ¿Quién cuida a la persona que nos cuida a todos ?

Octubre se colorea de rosa por la lucha contra el cáncer de mama, pero no todo es rosa en este andar.

El cáncer nos pone a prueba como individuos, como familia y como comunidad. Su impacto va mas allá de afectar las células de nuestro cuerpo, altera nuestra salud mental y emocional, modifica la dinámica familiar, genera miedo e incertidumbre y nos obliga a replanternos nuestras prioridades.

Escuchar o pensar en este diagnóstico marca un antes y después en la vida de las personas.

Cada dos días fallece una mujer por cáncer de mama, algo que nos duele muchísimo, más cuando la detección oportuna pudo haber salvado esa vida.

Hablar de Estadísticas y números no nos permiten dimensionar este problema de salud pública, no alcanzarían a describir lo que significaría perder una madre, una hermana, una hija. Al hablar de mortalidad en cáncer de mama, no hablamos solo de números, hablamos de vidas, de mujeres que perdieron una oportunidad, de un diagnóstico que llego tarde y de familias que se quedaron sin su pilar.

Aunque no podemos prevenirlo de forma absoluta, la detección oportuna permite tasas de curación de hasta el 100% en etapas iniciales y reduce la mortalidad entre un 30% y un 35%.

Además, existen factores de riesgo modificables, como la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo, el alcoholismo y el uso prolongado de hormonas, cuyos hábitos saludables ayudan a disminuir significativamente la probabilidad de desarrollarlo.

Llama la atención que, mientras la mortalidad ha disminuido un 40% en los países desarrollados, en las naciones en vías de desarrollo sigue en aumento, evidenciando una brecha profunda en la oportunidad de diagnóstico y atención.

Miles de mujeres de 40 años y más no se realizan su mastografía, encontrando qué el 60 por ciento de los casos se diagnostiquen en etapas tardías. Lo que nos hace preguntarnos ¿ A quién le toca ? y ¿Que te toca a ti mujer ?

Es verdad que el Estado tiene la obligación de proporcionar insumos, medicamentos, equipos de diagnóstico, personal capacitado y acercar los servicios de salud a cada comunidad. Los esfuerzos del sector salud y de la sociedad organizada han sido enormes, pero aún no son suficientes.

A pesar de contar con campañas de difusión masiva, equipos de vanguardia, gratuidad y fácil acceso, persisten barreras invisibles pero reales: el miedo, el desconocimiento, el machismo, la apatía y el pudor frenan a diario la salud de muchas mujeres.

Entonces, ¿qué nos toca y a quién le toca?

Si tienes 25 años o más: te corresponde una exploración clínica anual realizada por un profesional de la salud.
Si tienes entre 40 y 69 años: te toca una mastografía cada uno o dos años (según indicación médica).
Lo más importante: si notas un bulto o tumor duro e inmóvil en la mama o axila, retracción del pezón, cambios en la textura o color de la piel, asimetrías o secreciones extrañas, debes acudir de inmediato con un especialista.

Como profesionales de la salud: nos toca ser más sensibles y empáticos, orientar con paciencia, capacitar de manera clara y no perder jamás nuestro sentido humano.

Como sociedad: nos toca dejar de juzgar y estigmatizar, informarnos mejor, aprender a acompañar en el proceso y asegurarnos de que todas las mujeres de nuestra familia mayores de 40 años se realicen su mastografía este año.

Este octubre, fue algo más que vestirnos de rosa. Convirtamos el color en conciencia, la conciencia en compromiso y el compromiso en acciones que puedan salvar vidas.

Si eres hija, acompaña a tu mamá. Si eres hijo, pregunta a tu madre cuándo fue su última revisión. Si eres pareja, comparte las responsabilidades y apoya su decisión de acudir a una cita médica. Si eres hermana, amiga o compañera, habla del tema sin miedo y ayuda a derribar los silencios.

Si eres profesional de la salud, recuerda que detrás de cada expediente hay una persona que confía en nosotros.

No esperemos a que una silla quede vacía en la mesa familiar para comprender la importancia de cuidar a quienes amamos. No esperemos a que aparezca una señal de alarma para hablar de prevención. No esperemos a que el cáncer toque nuestra puerta para reconocer que la salud debe ser una prioridad.

Porque una mujer que se cuida no solamente protege su salud: también defiende su proyecto de vida, sus sueños y la posibilidad de seguir compartiendo momentos con las personas que ama.

Nadie tiene la culpa de enfermar. Pero todas y todos tenemos una responsabilidad en el cuidado, la detección oportuna, el acompañamiento y la atención.

Que octubre sea rosa, sí, pero que nuestro compromiso no dure solamente un mes. Que permanezca en nuestras decisiones, en nuestras instituciones, en nuestras familias y en cada acción que nos acerque a una sociedad más informada, solidaria y saludable.

Porque cuidar a quienes siempre han cuidado de nosotros también es una forma de amar.

Hagamos lo que nos toca. Hoy puede ser el momento de cambiar una historia. Que todo el año sea Rosa