COLUMNA: DE FRENTE
Por Diego Alberto Hernández
Dicen que en política no hay casualidades, y en el ajedrez electoral cada movimiento, por mínimo que parezca, encierra un mensaje. En ese contexto, el Partido Sinaloense (PAS) ha comenzado a mover sus piezas con miras al proceso electoral de 2027, despertando lecturas y especulaciones en el escenario político local.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!No pasó desapercibida la fotografía que hace algunos días presumió el dirigente estatal del PAS, Robespierre Lizárraga Otero, junto al presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, César Emiliano Gerardo Lugo. Una imagen que, más allá de la cortesía política, encendió los focos entre quienes siguen de cerca la reconfiguración de alianzas en Sinaloa.
Días después, el propio dirigente pacista convocó a conferencia de prensa en lo que ya se ha convertido en una sede no oficial del partido: el restaurante Casa María. Ahí, Lizárraga Otero fue claro al señalar que el PAS no está “esperanzado” en conformar una alianza rumbo al 2027, aunque dejó abierta la puerta a una eventual coalición. Un mensaje medido, pero estratégico, que confirma que el partido no quiere apresurarse ni cerrarse opciones.
Y es que el antecedente inmediato pesa. En el proceso electoral de 2024, el PAS caminó junto a la alianza PRI-PAN-PRD, una apuesta que le redituó resultados concretos: dos curules en el Congreso del Estado, una alcaldía y varias regidurías. Números que, para un partido local, no son menores y que hoy le dan margen de negociación y crecimiento.
De cara al 2027, el Partido Sinaloense tiene una oportunidad histórica: ampliar su presencia territorial y política en el estado, y consolidarse como una fuerza local con mayor peso. En el escenario más ambicioso, incluso, podría colocarse como el primer partido estatal en aspirar seriamente a conquistar dos gubernaturas en Sinaloa, un objetivo que suena lejano, pero que no se construye de un día para otro.
Por ahora, el PAS no acelera, pero tampoco se detiene. Observa, dialoga y envía señales. Porque en política, cuando las piezas comienzan a moverse con tanta anticipación, es claro que la partida ya empezó.
